Todos contamos historias cuando el día termina y la noche cae. Acercaros al fuego y veamos que pasa en tal dulce encuentro. Que las historias fluyan, el tiempo se pare y la imaginación eleve nuestros corazones al cielo

jueves, 16 de julio de 2009

6) Caminantes eternos

Desde el alba de los tiempos, pesarosos caminamos por la dura piel del mundo.
Malditos por siempre, sentimos el fluir del tiempo, abriendo grandes surcos en nuestras atormentadas almas y arrancando la cordura a los más débiles de nosotros, dejándonos indefensos ante el poder de nuestro lado tenebroso. La esencia que os da la vida es nuestro dulce néctar, máximo anhelo que eclipsa deseos mortales y ante la cual nada existe ni nada importa. Somos libres y fuertes, y a la vez, prisioneros y desvalidos ante esta ansia, tan grande y completa que sojuzga nuestro ser bajo el dominio de la Bestia.

A pesar de nuestra larga existencia, que comienza cuando termina la de otros, mucho es lo que debemos asimilar, para cuando llegue el temido final, estemos dispuestos y podamos afrontarlo según dicte nuestra propia voluntad.

Muy a pesar nuestro, el poder que ostentamos no nos pertenece, sino que nos ha sido impuesto. Este poder es bendito y maldito simultáneamente, siendo el mejor método de venganza contra un cruel mundo que te ha condenado a una tortura intemporal, o una escusa para que algunos de nosotros se aprovechen de lo que les adjudico el destino.

Mi propia experiencia dicta mis actos. Puede que este documento os ayude a entendernos y no condenarnos, o que algún nuevo nacido pueda comprender mejor su miseria y no perder la esperanza de obtener algún día redención.

Nuestra creación se inicia cuando otro nos despoja de nuestra Vitae dándonos un indescriptible placer y el más profundo de los dolores cuando la vida abandona nuestro cascaron mortal.

Desde la oscura sima a la que nos vemos sumidos, nos arrastramos a la consciencia agarrados del húmedo reguero que atraviesa nuestros gaznates y devuelve dolor y placer a nuestros muertos nervios.

Con fuerza nos agarramos a la fuente de vida, sin importarnos quien es el que nos la proporciona. Más tarde, alcanzado el límite entre la cordura y la locura, nos sentimos asaltados por una inmensa necesidad y empezamos a odiar al que nos llevo a la muerte y nos arranco de sus garras.
Esta ausencia de vida, esta necesidad del preciado licor de vida nos dominara hasta el final de nuestra existencia, aunque algunos mensajes en el viento nos dan una ligera esperanza de equilibrar nuestra humanidad y el reverso tenebroso de esta.

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